No comments yet

2015 Año de la Victoria

El ser humano por naturaleza es competitivo. Disfruta participar en competencias, muchas veces, por el solo placer de vencer a sus oponentes; en otras ocasiones participa indirectamente tomando partido por uno de los competidores y se goza cuando su favorito gana y sufre si este es derrotado. Algo en el ser interior del los descendientes de Adán y Eva les provee la motivación por competir casi siempre con el propósito de vencer.

La vida cotidiana nos enseña que no todos los competidores ganan. Uno o unos pocos son los ganadores y la restante mayoría son derrotados. Para que haya un ganador siempre tiene que existir perdedores. Como lo anterior es la experiencia del diario vivir, en ocasiones, se piensa que en la vida espiritual se aplica el mismo principio.

Permítame proponerle que todos los hijos de Dios han sido llamados para vencer. Ningún individuo ha sido adoptado como hijo de Dios para que experimente la derrota. El plan de Dios para todos aquellos que son suyos es que experimenten la verdadera vida en este mundo mientras se preparan para la victoria final. Dios, el Soberano del Universo, ha derramado de su gracia abundante a todo aquel que cree en El, le ha perdonado sus pecados, lo ha justificado en Jesús y lo ha unido espiritualmente a Cristo. Siendo esto así, todo hijo de Dios está en el equipo ganador. La única opción del verdadero hijo de Dios es la victoria.

Cuando se habla de victoria, desde la perspectiva bíblico-teológica correcta, no se quiere decir una vida con ausencia de dolor y sufrimiento. Tampoco significa una vida llena de todo tipo de placeres sensuales. Mucho menos significa una vida en que se adquiere todo lo que se desea. La victoria a la que el hijo de Dios ha sido llamado tiene que ver con vivir en completa paz aun en medio de los obstáculos normales de la vida mientras se esfuerza por en obedecer a Dios en el cumplimiento del proyecto divino para su vida temporal aquí en la tierra.

Toda victoria está precedida de confrontación. No existe victoria sin lucha. En ocasiones la confrontación es desgastante y deja sus huellas pero desde la perspectiva del Evangelio, el hijo de Dios al final será vencedor. El propósito de Dios se cumplirá cuando este se mantenga en el plan de Dios y en su lucha siga la estrategia del Señor. Ningún hijo obediente de Dios está llamado al fracaso en su vida. Al final y si se mantiene en el camino de Dios obtendrá la victoria.
Puede ser que estés atravesando por una época de lucha y conflictos en el caminar hacia la meta. Ten presente que Dios quien dio a Su Hijo a morir por la ti ya ha hecho la provisión necesaria para que t tengas la victoria. Mantén la confianza en el Señor y continua firme haciendo lo que Dios te ha encomendado porque “ a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados”.

Comments are closed.